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Un grupo por curso y seis formas de trabajar que ya están funcionando en el aula. Esto es lo que veréis si venís un miércoles por la mañana.

Con el método tradicional, un niño aprende a sumar siguiendo un procedimiento. Con ABN aprende qué está haciendo, por qué lo hace y qué caminos distintos puede seguir para llegar al mismo resultado.
En las primeras etapas se trabaja con materiales cercanos —palillos, botones, pinzas, fichas, rectas numéricas— que permiten ver y tocar las cantidades, agruparlas y separarlas. Así el niño entiende cómo se forman los números antes de escribirlos.
El método admite varias estrategias para una misma operación. Un alumno puede descomponer, otro redondear primero y seguir desde ahí. Lo importante no es repetir unos pasos de memoria, sino elegir el camino que mejor entiende.
A medida que avanzan, los niños van dejando los materiales y resuelven cada vez más operaciones mentalmente. Lo que se gana es comprensión numérica, agilidad de cálculo mental y autonomía para resolver problemas.
El 34 no es solo una cifra escrita: son 3 decenas y 4 unidades.
34 = 30 + 4Y para una misma suma, dos caminos igual de válidos:
Los dos llegan al mismo sitio. Los dos entienden lo que han hecho.
En el aprendizaje tradicional, primero se explica la teoría y después se hacen ejercicios. Con el aprendizaje basado en proyectos es al revés: los niños aprenden mientras trabajan para sacar adelante algo concreto.
Nuestros alumnos crearon un huerto en el colegio y fueron los responsables del cultivo y del cuidado de las plantas. No era la actividad de una tarde: era suyo, y dependía de ellos que saliera adelante.
Alrededor de una sola pregunta —¿cómo montamos un huerto?— se trabajaron a la vez varias asignaturas:
Investiga, plantea preguntas, busca soluciones, trabaja con sus compañeros, toma decisiones y termina creando algo que se puede enseñar: una maqueta, una exposición, un vídeo o una guía. Participa activamente en su aprendizaje en lugar de esperar a que se lo cuenten.
Deja de ser únicamente quien explica la materia y pasa también a guiar y acompañar el proceso: plantea el reto, orienta cuando el equipo se atasca y ayuda a que cada uno encuentre su sitio dentro del grupo.
Además de los contenidos, el ABP desarrolla lo que no entra en un examen: autonomía, trabajo en equipo, comunicación y resolución de problemas. Es lo que se ve cuando un niño tiene que explicar delante de la clase por qué su planta no ha crecido.
ABN y ABP no son lo mismo, aunque las siglas se parezcan: ABN es un método para aprender matemáticas y ABP es una forma de trabajar que puede usarse en cualquier asignatura.
Organiza las actividades del aula para convertirlas en una experiencia social y académica. Los alumnos trabajan en grupo y el aprendizaje depende del intercambio entre ellos: cada uno está motivado para lograr su propio avance y para mejorar el de los demás.
El ajedrez impulsa la concentración, la atención y la memoria; potencia la creatividad y el razonamiento lógico para resolver problemas, y ayuda a tomar decisiones. También promueve el respeto hacia los demás, la confianza y la responsabilidad.
Espacios que van más allá de lo físico: puntos de encuentro donde los alumnos se relacionan y donde fluye más comunicación de la que se intuye a simple vista. Aumentan la autoestima sin miedo al error, en un entorno lúdico y creativo.
Participamos en Código Escuela 4.0_Madrid, el programa de la Comunidad de Madrid para llevar el pensamiento computacional a las aulas de Primaria. No es una extraescolar: entra en el proceso de enseñanza, con formación del profesorado, recursos propios y el equipamiento necesario. Contamos además con un Mentor de Robótica que acompaña al equipo docente.
Los alumnos que quieren presentarse se examinan de Cambridge hasta el B1 al terminar Primaria, preparados en el propio colegio y con auxiliar de conversación nativo en el aula.
Las visitas son los miércoles, con cita previa.